lunes, 12 de octubre de 2009

¿Y ahora que?
Escribir es fácil, en saber hacerlo reside la mayor dificultad. Describir sentimientos o escribir sobre ellos es aun más difícil, a veces el bagaje lingüístico es demasiado limitado para hacerlo correctamente, si así no fuere, estaríamos rodeados de escritores que logran emocionar, y por suerte, es un merito que solo unos pocos logran. Las demás personas sólo podemos tratar de de no caer en lugares comunes y freses hechas que resuman el momento que se esta atravesando. Con esto no desvalorizo dichos recursos, simplemente marco la diferencia entre ellos, los verdaderos artistas de la palabra, y los que nos tomamos el tiempo para tratar de expresar algo adecuadamente buscando un poco de originalidad.
Otra barrera, la cual tal vez no nos impide escribir, pero sì hace que esas hojas permanezcan guardadas en algún lugar hasta el olvido, es el temor, la posibilidad de sentirse desnudo si otros leyeran nuestras palabras, y es esta, quizás, la mayor dificultad a sortear.
Todo esto viene debido a las pocas publicaciones en este sitio, el cual nació como una manera de expresar y limpiar momentos, pero que últimamente se termino convirtiendo en un collage de de trabajos de otros autores.
Es por eso que me pregunto… ¿y ahora que?

M.E.Q. En un día no muy inspirado.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Utopia

¿Se puede extrañar algo que no vivimos o que ni siquiera sabemos si existió?

¿Se puede uno apegar a algo que sólo conoció a través de viejos libros que hoy yacen ya olvidados y polvorientos en alguna estantería de biblioteca, muertos por el desinterés generalizado? ¿Podrá esto pasar?

Hoy me detuve a pensarlo en reiteradas ocasiones después de haberme despertado en el medio de la noche y sin razón alguna comenzar a reflexionar sobre esto.

¿Cual es el hilo conductor de todo? Lisa y llanamente la perdida de las cosas en su esencia, el olvido hasta la muerte de ciertos parámetros de conducta que hacen del día a día algo mas… ¿valioso?

El triunfo de lo efímero es de lo que trato de escribir.

Hoy el amor, motor impulsor de los mejores actos se encuentra, en el mayor de los casos, moribundo por el puñal del lo sensualizado. Romanticismo se reduce solo a momentos especiales y no a una forma de llevar adelante una forma de vivir. Ni mencionar la carencia de respeto, el cual solo parece, actualmente, ser solo una parte ,as de los cánones cotidianos de relación, sin ponerse a pensar el por qué, para quién y con qué motivo. Otro ejemplo claro es la confusión de sensibilidad con debilidad, ¿acaso es uno sinónimo del otro? ¡De ninguna manera! me atrevo a gritar a los cuatro vientos. Sin sensibilidad es imposible ,siquiera, pensar en romanticismo. Mención aparte merece la debilidad, pues no es mas que una característica del ser, si así no fuese, los días perderían esa magia que produce el desconcierto, y con ello lo disfrutable del bien estar.¿ Acaso seria posible explicar lo blanco sin lo negro, la claridad sin la oscuridad ,o mas aun, la convivencia de ambos? Creo que la respuesta todos lo sabemos. ¿Es acaso, todo, un simple problema de nombres? Creo que la respuesta es NO, pero sin lugar a dudas es factible que también forma parte del mismo tema. Hablamos lo que pensamos, pero ¿sentimos lo que hablamos? Llegando a este punto me es imposible llegar a una conclusión. Pero me animo a decir que todo el problema se puede empezar a arreglar volviendo a las cosas básicas de la vida; lejos de los medios, lejos de esa necesidad de relación por solo un sentido de pertenencia, aun cuando sabemos que no debiera ser así, pues ahí radica la fortaleza de lo efímero. Lo vanal y cotidiano por encima de lo real y duradero.

Lejos estoy de predicar algo, simplemente trato de entender el porque del menosprecio de las cosas que me parecen tan importantes y que aun yo, quien se sentó a redactar esto, formo parte. Me gustaría avergonzarme de eso, pero creo que lo efímero me esta ganando. Aún así, me rehúso a pensar que todo esta perdido, y sueño con que esto algún día se pueda cambiar.

M.E.Q

jueves, 6 de agosto de 2009

Rostro de vos

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

Mario Benedetti


martes, 4 de agosto de 2009

La tercera resignación (1947) Fragmento.

Imaginariamente, sin tocarse, recorrió uno a uno cada uno de sus miembros. Allí, sobre una almohada dura, estaba su cabeza levemente vuelta hacia la izquierda. Imaginó su boca entreabierta por la delgada orilla de frío que le llenaba la garganta de granizo. (…) Ya los músculos, los miembros, no acudían como antes, puntuales al llamado de su sistema nervioso. Ya no era el de dieciocho años atrás, un niño normal que podía moverse a gusto. Sintió sus brazos caídos, tumbados para siempre, apretados contra las paredes acojinadas del ataúd. Su vientre duro, como una corteza de nogal. Y más allá las piernas íntegras, exactas, complementando su perfecta anatomía de adulto. Su cuerpo reposaba con pesadez, pero apaciblemente, sin malestar alguno, como si el mundo se hubiera detenido de repente, y nadie interrumpiera el silencio; como si todos los pulmones de la tierra hubieran dejado de respirar para no interrumpir la liviana quietud del aire. Se sentía feliz como un niño bocarriba sobre la hierba fresca y apretada, contemplando una nube alta que se aleja por el cielo de la tarde. Era feliz, aunque sabía que estaba muerto, que reposaba para siempre en la caja recubierta de seda artificial. Tenía una gran lucidez.(…) Sintió la vecindad de la frescura en las violetas húmedas que su madre había llevado aquella terrible mañana. La sintió en las azucenas, en las rosas. Pero toda aquella terrible realidad no le causaba ninguna inquietud; al contrario, era feliz allí, sólo con su soledad. ¿Sentiría miedo después?

Gabriel García Márquez


Gabriel García Márquez.

Sòlo la muerte

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda.

Poemas del alma.

Fases de la luna.